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Esto se acabó junio 9, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Bueno, sobre todo, me da mucha pena decir lo que voy a decir, pero es algo que ya llevaba pensando mucho tiempo, y tras un par de semanas de pruebas y dilemas, lo he decidido. Ha sido mucho tiempo aquí, nueve meses casi desde que empecé el viaje, qué rápido pasa caray. Durante todo este tiempo, he pasado por casi todos los estados de ánimo posibles, he vivido aventuras de verdad y experiencias que se convertían en aventuras, conocido a gente nueva, encantadora, amigos… he cumplido mi sueño de venirme aquí, a Nueva Zelanda, y buscarme la vida, si lo hice bien o mal ya sería otra historia.

Pero nada es eterno, todo en la vida son ciclos circulares que no se detienen pero que te llevan de un principio a un “fin”, aunque más tarde te des cuenta de que tal vez no era realmente el final de ese círculo y decidas volver a su historia. Y a mí finalmente me ha vencido la necesidad de un cambio, además de otros factores. Así que lo soltaré de una vez, ya no vale la pena andarse con más rodeos porque es evidente de lo que estoy hablando:

– me cambio de blog, ¿o qué pensabais?. La razón básicamente es la pela, aunque suene triste, ya que en la nueva dirección puedo poner un buscador de Google y un cuadro con publicidad, que por poco que me dé (si buscáis cositas con el buscador y pincháis de vez en cuando…), al menos me servirá para pagar la cuenta de pago de Flickr donde estoy subiendo ahora las fotos Le tengo cariño a esta dirección y a este blog, que ha recogido casi nueve meses de aventuras por esta parte del mundo, así que no lo pienso borrar y a lo mejor en el futuro lo reutilizaré para otros temas.

Sobre el nuevo, se aceptan todo tipo de críticas, yo lo he configurado según las pruebas que he ido haciendo, pero siempre se me puede haber escapado algo. Las crónicas de mi viaje ya están continuando en el nuevo blog, y espero que aún me queden muchos (al menos tantos como llevo) por contar, aunque el cambio de país se esté acercando.

Sin más rodeos, la dirección: http://www.nicuervo.blogspot.com

Namárië.

Llega la galerna junio 6, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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La galerna se presenta. Ruge el viento y la lluvia azota los cristales. Nieve al nivel del mar son las predicciones para esta noche, aunque de momento aún no ha aparecido, y de todas formas no creo que se quede durante el día de mañana. ¿No querías invierno? Pues toma invierno. Vientos de ciento cuarenta kilómetros que rugen entre las montañas como si la Tierra se estuviese descomponiendo en pedazos, y frío helador producto de las bajas presiones que llegan directamente desde el Polo Sur, que ha diferencia del Norte, no mengua si no que crece cada año. Con un poco de suerte, mañana será el primer día en el que nos quedemos por fin cien por cien aislados. Y durante la tarde la situación en teoría va a empeorar, buenas noticias.

Dentro de la normalidad, la buena noticia es que me suben el sueldo, setenta y cinco céntimos por hora, y que ya no me pagarán por horas si no que tendré salario fijo, de ochenta horas cada dos semanas. Esto es especialmente bueno ahora que empieza el invierno en serio, ya que habrá días en los que la carretera esté cerrada todo el día y no trabajaré o trabajaré solamente unas horas, y así me aseguro no quedarme corto con el dinero. Aunque si me quedase a la temporada alta otra vez, que lo dudo mucho ya que empieza en octubre, la cosa no sería tan buena porque solemos hacer más de esas horas, pero… Lo dicho, buenas noticias. Además, sigo ganando importancia, ya soy tras la jefa el currante con más antigüedad, en el café, todos los demás se han ido volando como pajaritos poco a poco, mientras que mi nido sigue en este fiordo, aunque puede que el viento me arrastre lejos. Dormiré con la capa de Superman atada al cuello, por si acaso.

El possum junio 4, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Los possums son unos marsupiales que fueron introducidos en Nueva Zelanda por los ingleses en 1873, desde la vecina Australia, donde han sido desde tiempos de los aborígenes unos animales muy representativos y queridos, e incluso hoy en día es una especie protegida. La gente que los introdujo quisieron hacer negocio con ellos, para lo que los mantuvieron en cautividad con expectativas a vender sus pieles, hasta que lógicamente un día alguno se escapó de su jaula y comenzó la tragedia para el ecosistema neocelandés.

Tienen orejas grandes, hocico ratonero, uñas alargadas y son un animal nocturno. La variedad introducida en Nueva Zelanda es de las de mayor tamaño que existen, del tamaño de un antebrazo según dicen.

Al no ser un animal propio de estas islas, no existen depredadores que puedan terminar con ellos, y pueden campar a sus anchas sin ser controlados. No tardaron nada en extenderse a lo largo y ancho del país, y como han estado desde entonces creciendo y creciendo sin límite, hoy en día se estima que la población total en Nueva Zelanda es de setenta millones, que viene a ser veinte possums por cada persona.
Los possums se alimentan principalmente de vegetación. Les gusta sobre todo devorar las hojas de muchos árboles nativos de Nueva Zelanda, con el agravante de que solamente se comen las hojas nuevas o que están creciendo, lo que hace muy difícil la tarea de crecer para el árbol. Si un possum encuentra buenas  hojas, volverá cada noche hasta que se quede sin recursos, provocando seguramente la muerte del árbol, lo que además afecta de forma indirecta a los pájaros que acostumbran a construír sus nidos en estos árboles nativos. Además, si el possum (que gracias a sus uñas puede trepar con mucha facilidad y agilidad) se encuentra algún nido, no dudará en darse un buen festín con los huevos si papá y mamá no están en casa. Como última amenaza, el possum también es portador de tuberculosis entre el ganado.

Por ello, el odio que se le tiene a este animal en Nueva Zelanda es gigante. Pero es comprensible analizando los hechos. Al no exister depredador alguno que pueda ponerse en su camino, a parte del hombre, tienen vía libre para comer, y durante todo un año, se llevan a sus estómagos entre todos ellos alrededor de siete millones y medio de toneladas de vegetación nativa. Esta basta deforestación afecta por extensión a todas las especies que hagan de los árboles o arbustos su forma de vida, incluyendo al amado, único y protegidísimo kiwi, a los que incluso echan de sus agujeros en noches frías; al possum no le gusta el frío.

Es corriente y totalmente normal encontrar artículos relacionados con los possum en cualquier tienda de souvenirs. Puedes comprar desde pieles para colgar en la pared por veinte dólares, a plantillas para los zapatos hechas con su piel, que te las venden con eslóganes como “Aplasta possums todo el día”, pasando por calienta pezones de pelo de possum; camisetas riéndose de un possum aplastado por un coche, o promoviendo su caza y exterminación total.
Hay un dicho que dice que si alguien quiere convertise en un verdadero kiwi (no la fruta si no la persona), hay que haberse roto algún hueso en Nueva Zelanda y haber matado algún possum. Es común que la gente  joven salga a la caza del possum con escopetas durante la noche, ya que no son difíciles de encontrar. Y si mientras conducen se encuentran con alguno en la carretera, la reacción es acelerar para pasarle por encima; en prácticamente todas las carreteras puedes encontrarte decenas de possums muertos cada día.

A mí, pese a todo, me caen bien, y me dan mucha pena.

Días de estrellas junio 3, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Llevo dos días inundado de estrellas. Por el día diluvia,  y por la noche el cielo se abre como enseñándome sus entrañas. Después de más de ocho meses, el cielo nocturno se me va haciendo familiar; reconozco a primera vista la Southern Cross y un par más de constelaciones, más algunas que yo mismo he descubierto e interpretado y que no he mirado si existen como tal. En mitad de la naturaleza más absoluta, me busco un espacio abierto junto a la orilla, y navego entre constelaciones brillantes y repletas de estrellas, como yo, que me siento estrella.
Es difícil hacerles fotos, pero he puesto un par de intentos en la galería.

En el camino de vuelta a la habitación puede pasar de todo. Que me ataque un kea en mitad de la noche, pero más para asustarme que para hacerme daño, o que descubra una nueva cueva de luciérnagas mientras atajo por el bosque; no es muy grande, entran dos o tres personas de pie aunque casi agachados, y hoy que la descubrí no había muchísimas luciérnagas, solamente unas cuantas, pero no les quitaré ojo. Es un buen rincón para ir a ver estrellas cuando esté nublado, porque realmente te rodean como si estuvieses contemplando el cielo.

Día de rodaje improvisado en el trabajo, lo contaré mañana cuando lo terminemos y tengamos ganador en el concurso para elegir al tiranosaurio rex que habita en Milford.

Hundido en un rincón junio 2, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Llegó el tiempo de los malos tiempos.

Hace tres noches, era la actuación de Jo Little en el pub, una chica que antes había sido manager aquí y ahora entre otras cosas se dedica a ir tocando con su guitarra por donde la lleve la carretera. Pero lo que prometía ser una noche animada y divertida se tornó en todo lo contrario.
Por la mañana, Kelly, que es una parte del núcleo de amigos que tengo aquí, recibía la noticia de la inesperada muerte de su hermano y como es normal se vino abajo de una manera alarmante. Durante la tarde, la gente en lugar de tratar de animarla se iba uniendo a los llantos ya que muchos habían pasado por algo similar en el último año, una de esas tétricas casualidades que te hacen respirar hondo y pensar “qué está pasando aquí”. A todo ello, además, se unió que al día siguiente había unos cuantos locales que se iban para siempre; así que quien no lloraba por uno terminaba llorando por lo otro, y los que quedamos con las mejillas secas y sin beber, nos encontramos ahogados de repente en una marejada de sensaciones y drama que dejaba un mal cuerpo muy grande.
Al día siguiente todo se calmó un poco, pero la gente estaba con resaca de emociones, la peor de las resacas.

Y ayer, tras toda la semana esperando, madrugón a las cuatro y media de la mañana para escuchar el desastre del Oviedo que me ha dejado con la moral por los suelos todo el día. No, desgraciadamente para mí no es solo fútbol, de hecho no es fútbol, es el Oviedo, pero de todo esto no quiero hablar aquí. Lo único que considero que me puede recoger y volver a recolocar es ver el fin de temporada de Perdidos y ahora mismo por fin lo podré ver, así que mañana será otro día, sin desastres emocionales flotando por los aires espero.

Pero entre uno y otro, saco tiempo para algunas cosas como: a partir de una conversación sobre el penoso final de la tercera parte de Parque Jurásico, organizar un concurso espontáneo en el que cada uno dibuja su tiranosaurio rex, y el ganador será coronado como Milford Sound T’Rex, oficialmente; inculcar mentalidad de superhéroe en mis compis de trabajo durante las largas y aburridas mañanas en las que no tenemos casi clientes; o preparar el rodaje de un corto en el que precisamente habrá un superhéroe y un tiranosaurio rex.

Esta noche he sacado fotos a las estrellas, que bonitas son.

Las cuevas de luciérnagas mayo 28, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Son las doce de la noche y estoy en la cocina preparando algo de cenar, sofrito de champiñones con arroz, que últimamente lo tengo siempre en mente. Ya tengo la fama más que ganada por cenar a horas muy extrañas para la gente de aquí, me dicen que más que cenando, estoy desayunando. Pues bien, estaba yo “chop chop” con los champiñones, cuando aparecen Kelly y Jakub, que vienen del pub y antes de llegar a la cocina habían hecho una parada rápida para limpiar un poco de hierba que había por ahí suelta. Mezcla de su estado histérico y felicidad, a Kelly se le ocurrió proponer ir de visita a las “glowworm caves” en Little Tahiti; o lo que es lo mismo, las cuevas de luciérnagas en Little Tahiti, que es una zona de los alrededores a la que vamos a veces para hacer barbacoas, hogueras, o remojar los pies en las gélidas aguas del río quien se atreva. Ella no se esperaba que a Jakub y a mí nos pareciese buena idea, y a la una de la mañana estábamos listos con la chaqueta para ir en busca de las luciérnagas. Lo especial de este sitio, es que como su nombre indica, son unas cuevas de luciérnagas, pero no existen tales cuevas; son los propios gusanillos los que se agolpan por todas partes y al caminar bajo los árboles repletos de sus lucecitas verdes, da la impresión de estar en una cueva. O eso dicen.

El sitio no está especialmente cerca para ir caminando en mitad de la noche: seis kilómetros de ida y otros tanto de vuelta, a la luz de las estrellas y rodeados de absolutamente todo y nada a la vez, lo que te pone en situación de partida para una película de miedo, en la que hubiésemos terminado devorados por cualquier extraña y gigante criatura que habita en el bosque por el que nos adentrábamos, y en la vegetación que flanquea la carretera que paso a paso seguíamos con una linterna que se estaba quedando sin pilas y el flash de mi cámara, situación sobre la que ya comenté una vez el miedo que produce. Hubo varios amagos de darnos la vuelta, todos iniciados por Kelly, que estuvo arrepintiéndose de su propuesta toda la noche, pero Jakub y yo estábamos con ganas de aventura y la noche pintaba muy bien. Durante todo el camino las luciérnagas están por todas partes en los bordes de la carretera, pero más desperdigadas, como espolvoreadas desde muy alto, y nosotros queríamos las cuevas. A mitad de camino una luz apareció al fondo de la carretera tras una curva, y nos tiramos contra el arcén entre miedo y precaución, ya que esta carretera no tiene coches a no ser los de los turistas, y a esas horas no era muy normal que nadie se hubiese propuesto ir a ver Milford Sound. Haciéndonos notar con el flash de la cámara conseguimos que la furgoneta parase, y resultó ser uno de los nuestros, locales, que había ido a Te Anau, la civilización, a cenar con unos amigos, y estaba de vuelta. Se sorprendió y nos sonrió extrañamente cuando le contamos en qué consistía nuestra expedición, y con un ¨buena suerte¨se despidió y nos dejó de nuevo en mitad de la oscuridad.
Una lechuza nos estuvo siguiendo un buen rato, ululando desde los árboles cercanos cada poco, como indicando que siguiésemos en esa dirección que estaba todo en orden. Y más tarde que pronto, por fin llegamos al camino que lleva hasta Little Tahiti (que se pronuncia con la “h” aspirada y siendo ésa la sílaba fuerte, no como “taití”), donde Kelly no quiso adentrarse en el bosque por miedo a perderse; no estaba segura -o eso decía- de poder encontrar el camino y tras unos intentos más por mi parte que por la suya de meternos entre los árboles y ponernos a caminar, terminamos con nuestros pies de vuelta en el asfalto y empezando a recorrer los seis kilómetros de vuelta con menos humor que a la ida, pero sin rencor.
Habrá segunda parte, sin margen de error. Aún así en el camino de vuelta escogimos una ruta alternativa y nos metimos más entre la jungla, de donde nos salimos cuando encontramos una bolsa de basura desprendiendo fuertemente olor a muerto, no quisimos saber lo que era pero tenía toda la pinta de que alguien se la había dejado allí durante una noche cazando possums. En honor a ese presumiblemente posum muerto y a todos ellos, les voy a dedicar mi próxima actualización.

Boys Town mayo 23, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Ascendiendo en la jerarquía de Milford.
Primero, ascendí escalones en el trabajo ampliando funciones y tareas; después, conseguí hacer mi voz importante a la hora de decidir sobre lo que se ve en la tele; y ahora, me he cambiado de habitación. Las limitaciones físicas y de calidad que tenía en la habitación 9, dejan paso a la luz, amplitud y confortabilidad de la 49, que era de Alana hasta que se fue hace ya un mes. Una situación como ésta es una novedad y un acontecimiento aquí en nuestra pequeña comunidad de aislados, el rumor corre como la pólvora, la gente habla a las espaldas sobre por qué me la han dado a mí y no a ellos, y el collage se recompone, con un nuevo habitante ocupando mi lugar y yo ocupando el de Alana, pasando del pasillo “Broadway”, a “Boys Town”, donde solamente somos cinco habitaciones, y todas arregladas hace menos de un año, con un colchón que me atrapa y me hace dormir más horas, muebles con cajones que se pueden cerrar, sitio para moverme, buena luz (solar y artificial) y un radiador que da la talla y no la convierte en una nevera. El único problema que me queda con la antigua, es que la cerradura no funciona porque alguien le puso pegamento un día, mi primo casi la arranca un día empujando para abrir, y se ha quedado cerrada por dentro, como la ventana, que tampoco puedo abrirla desde fuera. Y mi corona de Princesa aún está allí atrapada.

No hay muchas más novedades. El tiempo va cambiando y el paso de otoño a invierno es inminente. Las primeras nieves han dejado de ser “primeras” para empezar a quedarse de inquilinas en las cumbres de las gigantes montañas que nos rodean; aunque por desgracia aún no bajan mucho, nieva pero no cubre, y será difícil que llegue a hacerlo aquí abajo ya que el fiordo no deja de ser un entrante del mar. Aún así el viento nos llega desde donde duerme la nieve, y es gélido, nada confortable para irse de excursión. Pero a cambio de empezar a pasar frío, la naturaleza nos está devolviendo unos atardeceres espectaculares muy a menudo; al estar aquí encajonados, no podemos ver el sol meterse directamente en el mar, pero dada la ruta semi-serpenteante del fiordo, cuando el astro está rozando las aguas y su luz se vuelve de colores enrojecidos, ésta atraviesa las curvas en diagonal y nos envía directamente toda su fuerza y color, que normalmente suele verse como un mastodóntico rayo de color rojo que sale desde el vacío entre las dos paredes del fiordo, con su corona y nubes coloreadas de mil matices distintos dentro de la gama rojiza. Pero por desgracia aún no he conseguido sacar una buena foto del momento ya que a esa hora suelo estar terminando de trabajar, y cuando me doy cuenta a través de las cristaleras del espectáculo visual que está teniendo lugar, corro a mi habitación a por la cámara y sigo corriendo hasta la orilla buscando captar justo esos tres o cinco segundos de magna plenitud de colores. Seguiré en su busca.

Aotearoa maorí; mitología – La llegada del conocimiento mayo 19, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in Aotearoa Maorí.
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La tarea de transmitir a los seres humanos el conocimiento sagrado fue asignada al tohunga ahurewa, el médium capaz de estar en contacto con los dioses; y esa únicamente habría de ser la tarea a la que dedicara toda su vida.

El tohunga era entrenado y estudiaba en una escuela (whare waananga), en la que tenía distintos niveles y especialidades, como la “whare kura” (escuela del aprendizaje, donde estudiaba historia, leyendas y los rituales de guerra y agricultura). Pero por encima de todo, en importancia y relevancia, lo más importante eran las sagradas “cestas del conocimiento”; tres cestas en las que reposaban las piedras que contenían todo el conocimiento de los dioses mismos. Las tres cestas eran: “kete-aronui“, con los conocimientos beneficiosos; “kete-tuuaauri“, con todo el rango completo de encantamientos y rituales; y “kete-tuatea“, cesta en la que estaban contenidas las piedras con los conocimientos sobre lo malvado y la magia negra.

El dios encargado de encontrar estas piedras y cederlas a los humanos para que comenzasen con su custodia y aprendizaje, tras muchas peleas y enfrentamientos, fue Taane. Comenzó su búsqueda ascendiendo al segundo “mundo superior”, en donde encontró un patrón que más tarde copiaría a la hora de crear la whare waananga del conocimiento. El método que Taane escogió para ascender de mundo a mundo, fue a través de unas cuerdas colgantes que se balanceaban con el viento de entre los mundos, y fue este método el que le libró de terminar su historia prematuramente en ese punto, ya que uno de sus hermanos -Whiro- le perseguía con envidia a través de otra ruta más circular. Para reducir la ventaja que Taane comenzaba a ganar frente a Whiro, éste envió a sus hordas para detenerlo; pero estas hordas estaban compuestas de sandflies, mosquitos, lechuzas, murciélagos y más criaturas principalmente nocturnas, quienes vieron frenada su búsqueda al aproximarse a Taane, ya que las cuerdas comenzaron a balancearse fuertemente con el viento, y todas las hordas de Whiro fueron enviadas lejos a los rincones de ese mundo, sin que Taane se percatara siquiera.
No hay seguridad sobre lo lejos que Taane hubo de ascender, pero la creencia es que llegó hasta el decimoprimer “mundo superior”, donde alcanzó Puu-motomoto, las puertas que permitían el paso al más alto de los cielos, en donde Taane se encontró con Rehua, el dios de la bondad y amabilidad, con el que guardaba buena relación, y allí se le fueron entregadas las cestas del conocimiento.

Pero en su descenso, Whiro estaba esperándole en el noveno mundo, donde libraron una batalla antológica, por su magnitud y duración. Finalmente, Taane, que había ganado en sabiduría y conocimientos propios de cada uno de los once mundos que había ascendido y atravesado, se impuso inteligentemente a su hermano, y juntos descendieron hasta la Tierra, donde a partir de ese día, a consecuencia de la mezcla entre las hordas de Whiro y las de Taane, la amabilidad y la bondad se vio entorpecida para siempre por muchos de los seguidores de Whiro. Además, el propio Whiro fue arrojado al submundo en el que las enfermedades, pensamientos malignos y la muerte son los regalos hechos a la humanidad; con el tiempo, se convirtió en padre de Maiki-nui y Maiki-roa, la gran e interminable desgracia de la humanidad.

Una vuelta más mayo 13, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Una vez cada cierto tiempo, me entra la añoranza; una vez cada cierto tiempo, pienso en la vuelta y hago planes, miro fechas y echo cálculos; una vez cada cierto tiempo, me intento autoconvencer de que soy más hogareño que aventurero; una vez cada cierto tiempo, me vienen a la cabeza las situaciones y gente que me estoy perdiendo en la distancia; una vez cada cierto tiempo, pienso en todo lo que me perdería en esta parte del mundo si volviese a casa, y decido que aún no es hora de volver.

De vuelta a la normalidad, con todo en regla, el invierno va ampliando su burbuja sobre mi cabeza, y comienza a implementar ciertas actividades en la rutina del día a día, para las que antes no había tiempo, o ganas. Ahora, como termino de trabajar al menos una hora antes de lo habitual, la tarde es mucho más larga, aunque sea de noche, y cuando creo que son las diez, aún son las siete y media, y decido ponerme a hacer un puzzle en la sala; resulta tan entretenido, que más gente se suma y en ocasiones, conseguimos que la televisión permanezca apagada, todos los ojos centrados en las pequeñitas piezas, que si las juntas forman un dragón gigante echando fuego por la boca (“y también rayos por el culo”). No me canso nunca de pensar y hablar conmigo mismo de lo que me gusta toda esta historia del aislamiento, tener que viajar horas y horas para llegar a la civilización, esperar durante varios días a que llegue el pedido semanal de comida, que las noticias locales sean el avistamiento de pingüinos o que han tenido que cortar la carretera porque se ha caído un árbol.

El otro día me enteré, para mi satisfacción, de que ahora durante el invierno, somos la comunidad de habitantes más pequeña de toda (de toda) Nueva Zelanda (de las dos islas principales), con unos sesenta habitantes, sustancialmente menos que los aproximadamente doscientos que éramos hasta hace dos semanas. Pero por lo visto a muchos turistas no les agrada, y se enfadan con nosotros porque no haya periódicos, ni cobertura en el móvil, ni internet rápido, ni infraestructuras, calles, policía, ayuntamiento, servicios médicos… no hay nada, simplemente nosotros, encajonados entre el fiordo y las montañas y los bosques; es una pena que haya gente que no lo sepa apreciar, porque es algo maravilloso.

Para combatir el peligro de la rutina aburrida y demasiado tranquila, me he apuntado a un equipo de “netball”, deporte muy popular aquí y del cual solo sé lo que he visto de pasada en televisión. Somos siete por equipo, y vamos a jugar todos los lunes y viernes por la tarde, en el aparcamiento que tenemos enfrente del Pato Azul (nombre del Café); veremos si dura todo el invierno.

“Se acerca el invierno”.

A Penneke se le hinchan las pelotas mayo 7, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Se le hinchan las pelotas porque no puedo trabajar. Siete de Mayo, y desde el día uno estoy en situación de ilegal para trabajar. Tengo permiso para estar en el país, siempre que no trabaje y/o me paguen por ello; aquí es donde yo le pregunto a Penneke si puedo trabajar, apuntar las horas que hago, y que me paguen cuando sea legal, pero parece ser que tampoco es posible. El servicio de Inmigración, las leyes, los plazos, los papeleos… de este país, empiezan a caerme realmente gordos.

Y como estoy en compás de espera, no puedo hacer nada más. Hoy tenía en mente escaparme dos días para hacer la mitad del recorrido del Milford Track (el trecking/caminata más famosa/o del país y que como su propio nombre indica, termina aquí, en Milford), pero dos factores me lo han impedido: uno de ellos, Jorg Penneke, que me quiere aquí esperando cada día; el otro, la lluvia, contra la que no estoy preparado como para irme de excursión dos días; esto me lleva directamente a recordar que para la próxima visita a la civilización que haga, tengo que comprar saco de dormir, botas, y un par de cosas más.
El jefe está de mal humor, mitad conmigo mitad con Inmigración por no cumplir los plazos que te dan para que los permisos se tramiten (según ellos, tienen muchas solicitudes en estos momentos y no las pueden procesar todas). Aún así, desafiando la ira alemana de Penneke, me escaparé de Milford mañana o pasado durante un par de días (las previsiones para mi permiso son de, “como tarde” a finales de mes, pero con suerte antes) para ir a Queenstown, hacer las compras, visitar un pueblo que se llama Arrowtown y en el que no he estado, ver el nuevo capítulo de Perdidos, y si el tiempo acompaña, hacer paracaidismo de una vez.

Me he hecho fuerte en la sala de la televisión, me ha costado lo mío y muchas bazofias tragadas durante muchas noches, pero al fin tengo una posición importante, y si yo digo que me apetece ver Superman, ahora sí, se ve Superman; y no solo la película, también las tres horas de documentales. Y cada vez que la veo, me lleno de alegría, inspiración, motivación y ganas de hacer muchas cosas, de todo tipo; es mi musa. Así que, como acabo de terminar de ver el making off, me voy a escribir unas postales. Si alguien quiere una, pedid.