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Aotearoa maorí; mitología – La llegada del conocimiento mayo 19, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in Aotearoa Maorí.
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La tarea de transmitir a los seres humanos el conocimiento sagrado fue asignada al tohunga ahurewa, el médium capaz de estar en contacto con los dioses; y esa únicamente habría de ser la tarea a la que dedicara toda su vida.

El tohunga era entrenado y estudiaba en una escuela (whare waananga), en la que tenía distintos niveles y especialidades, como la “whare kura” (escuela del aprendizaje, donde estudiaba historia, leyendas y los rituales de guerra y agricultura). Pero por encima de todo, en importancia y relevancia, lo más importante eran las sagradas “cestas del conocimiento”; tres cestas en las que reposaban las piedras que contenían todo el conocimiento de los dioses mismos. Las tres cestas eran: “kete-aronui“, con los conocimientos beneficiosos; “kete-tuuaauri“, con todo el rango completo de encantamientos y rituales; y “kete-tuatea“, cesta en la que estaban contenidas las piedras con los conocimientos sobre lo malvado y la magia negra.

El dios encargado de encontrar estas piedras y cederlas a los humanos para que comenzasen con su custodia y aprendizaje, tras muchas peleas y enfrentamientos, fue Taane. Comenzó su búsqueda ascendiendo al segundo “mundo superior”, en donde encontró un patrón que más tarde copiaría a la hora de crear la whare waananga del conocimiento. El método que Taane escogió para ascender de mundo a mundo, fue a través de unas cuerdas colgantes que se balanceaban con el viento de entre los mundos, y fue este método el que le libró de terminar su historia prematuramente en ese punto, ya que uno de sus hermanos -Whiro- le perseguía con envidia a través de otra ruta más circular. Para reducir la ventaja que Taane comenzaba a ganar frente a Whiro, éste envió a sus hordas para detenerlo; pero estas hordas estaban compuestas de sandflies, mosquitos, lechuzas, murciélagos y más criaturas principalmente nocturnas, quienes vieron frenada su búsqueda al aproximarse a Taane, ya que las cuerdas comenzaron a balancearse fuertemente con el viento, y todas las hordas de Whiro fueron enviadas lejos a los rincones de ese mundo, sin que Taane se percatara siquiera.
No hay seguridad sobre lo lejos que Taane hubo de ascender, pero la creencia es que llegó hasta el decimoprimer “mundo superior”, donde alcanzó Puu-motomoto, las puertas que permitían el paso al más alto de los cielos, en donde Taane se encontró con Rehua, el dios de la bondad y amabilidad, con el que guardaba buena relación, y allí se le fueron entregadas las cestas del conocimiento.

Pero en su descenso, Whiro estaba esperándole en el noveno mundo, donde libraron una batalla antológica, por su magnitud y duración. Finalmente, Taane, que había ganado en sabiduría y conocimientos propios de cada uno de los once mundos que había ascendido y atravesado, se impuso inteligentemente a su hermano, y juntos descendieron hasta la Tierra, donde a partir de ese día, a consecuencia de la mezcla entre las hordas de Whiro y las de Taane, la amabilidad y la bondad se vio entorpecida para siempre por muchos de los seguidores de Whiro. Además, el propio Whiro fue arrojado al submundo en el que las enfermedades, pensamientos malignos y la muerte son los regalos hechos a la humanidad; con el tiempo, se convirtió en padre de Maiki-nui y Maiki-roa, la gran e interminable desgracia de la humanidad.

Aotearoa maorí; mitología – La Creación mayo 4, 2008

Posted by Nicolás Cuervo González in Aotearoa Maorí.
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Bueno, empiezo hoy con la primera actualización “temática” sobre los maoríes, a petición de mi madre. Voy a intentar contar de una manera “cercana” un poco de la mitología y cultura maorí, que es muy muy interesante. Todo lo que escriba serán mis palabras, pero obviamente no me lo estoy inventando. Espero que resulte entretenido, o interesante, porque la verdad es que no he encontrado mucha información en castellano. Primera parte:

La Creación

“En el principio estaba Te Kore, la Nada, y de Te Kore vino Te Poo, la Noche. En esa impenetrable oscuridad, Rangi, el Padre del Cielo, yacía en los brazos de Papa, la Madre Tierra”.

Los dioses de Aotearoa son hijos directos de Rangi (Cielo) y Papa (Madre Tierra), lo cual puede servir de ejemplo para demostrar cómo la cultura maorí está ante todo asentada en el respeto a la naturaleza, su entorno. Estos dioses “habitaban” el estrecho espacio que había entre los cuerpos de sus padres, pero todos ellos anhelaban libertad, vientos silbando en lo alto de afiladas colinas y a través de profundos valles, y luz, luz para dar calor a sus pálidos cuerpos.
Así que se preguntaron qué hacer, necesitaban su propio espacio, necesitaban luz. En estas se encontraban los a la postre dioses del pueblo maorí, cuando uno de ellos, Taane-mahuta, padre de los bosques, de todas las cosas vivientes que aman la luz y la libertad, se puso en pie, y así permaneció durante mucho tiempo, más de lo que uno puede aguantar sin respirar. Aguantó de pie, silencioso e inmóvil, aunando toda su fuerza hasta que estuvo preparado. Entonces, apretó sus manos contra el cuerpo de su madre, reposando toda su fuerza en ellas, y con sus pies empujó hacia arriba tan fuerte como pudo el cuerpo de su padre; los cuerpos del cielo y la tierra se resistieron todo cuanto pudieron, sin intención de poner fin a su enlace, pero finalmente terminaron separándose forzosamente. “Fue el feroz empuje de Taane lo que separó el cielo de la tierra“, dice una antigüa creencia maorí; “Así que fueron separados, y la oscuridad se manifestó, como también lo hizo la luz“.
Mientras Rangi ascendía separándose cada vez más del cuerpo de su amada Papa, los vientos comenzaron a rugir furiosos y llenaron el espacio que se iba creando entre los dos amantes. Taane y sus hermanos permanecían expectantes ante todo lo que estaba pasando, contemplando por primera vez las curvas del cuerpo de su madre, la Tierra, y así fue como vieron aparecer desde los hombros de su madre, un plateado velo de niebla, su forma de expresar el lamento por su pareja recién perdida. A su vez, Rangi, desde las cada vez más lejanas alturas, empezó a llorar, y con rapidez sus lágrimas bañaron de lluvia el cuerpo de Papa, la Tierra, creando lagos y ríos que corrían entre las serpenteantes y onduladas curvas del cuerpo de Papa.

Taane, pese a haber sido el ejecutor de la forzosa separación de sus padres, los quería por igual, y necesitaba hacer algo por ellos para calmar la pena. Primero, quiso vestir el cuerpo de su madre con una belleza nunca antes soñada en el mundo de la oscuridad en el que habían permanecido hasta entonces. Hizo crecer a sus propios hijos, los árboles, y los liberó para que poblasen la tierra. Pero en esos primeros días, Taane, pese a ser un dios, era como un niño que adquiere inteligencia a través de las pruebas, los errores y los aciertos. Así que plantó los árboles al revés, dejando a sus inutilizadas raíces boca arriba, inmóviles y hambrientas, y sus copas enterradas bajo tierra, donde no había lugar para otros de sus hijos, como los pájaros e insectos. Ante esta visión, Taane desenterró uno de los gigantes kauris (árboles autóctonos y ligados fuertemente a la mitología) y sacudiéndole la tierra de su copa, volvió a enterrar sus raíces, y la brisa jugó con las hojas, cantando la canción del nuevo mundo que acababa de nacer.
De esta manera fue como la Tierra se cubrió de un precioso manto verde de vegetación, los pájaros cantando y volando entre los bosques, el mar bañando sus orillas, y los dioses trabajando cada uno en su tarea, bajo las sombras de los jardines sagrados de Taane. Solo uno de entre los setenta dioses abandonó el lecho de su madre para seguir el cami no de su padre; era Taawhiri-maatea, el dios de todos los vientos que azotan el espacio entre cielo y tierra.

Una vez que Taane había terminado de vestir a su madre, elevó los ojos hacia su padre, frío y gris, abandonado solo en el vasto espacio en el que reposaba, y sintió pena por su desolación. Cogió el brillante Sol y lo colocó en la espalda de Rangi, su padre, con la luna en frente suyo. Viajó por los diez cielos (aquí el mito se refiere a la palabra en inglés heaven, no sky, así que sería más como un paraíso que como un cielo, problemas de los idiomas) hasta que encontró unas ropas rojas brillantes con las que vestiría a su padre. Pero antes descansó, por siete días, y volvió al encuentro de su padre, para extender las prendas de este a oeste y de norte a sur a lo largo y ancho de todo el cielo. Una vez hecho, se dio cuenta de que no era suficiente para su padre y se lo arrancó del tirón, aunque una pequeña pieza permaneció sin que Taane se percatara, y esta prenda que cubre el cielo de colores rojizos aún puede ser vista hoy en día, cuando el sol aparece y desaparece por el horizonte.
Triste, Taane gritó para decirle a su padre que viajaría hasta los límites del espacio en busca de un regalo merecedor de su valor, y de alguna manera, en el silencio escuchó una respuesta. Así, viajó y atravesó el fin del mundo, y en la oscuridad alcanzó por fin la Gran Montaña de Maunganui, donde las Más Brillantes vivían. Ellas eran las hijas de Uru, hermano de Taane, y juntos las contemplaron jugar al pie la montaña.
Taane le pidió a su hermano que le diese algunas de esas preciosas luces brillantes para adornar el vacío manto del cielo. A la llamada de Uru, todas las estrellas se acercaron a los dos dioses, Taane las recogió todas con sus brazos y las metió en una cesta. Meticulosamente, Taane colocó cinco estrellas creando la forma de una cruz (la Southern Cross, constelación emblema que señala al sur, la equivalente a la Estrella Polar del hemisferio norte, y que aparece en las banderas de Australia y Nueva Zelanda) en el pecho de Rangi, su padre, y roció el oscuro cielo con las Hijas de la Luz, dándole por fin la ornamentación que según él, se merecía. La cesta con todas las estrellas aún cuelga del cielo, y es llamada por muchos la Vía Láctea, donde permanecen recogidas, a excepción de unas pocas veces en las que la cesta se tambalea, y las hijas de Uru caen, cruzando el cielo y bañando la tierra con su luz, por un instante. El resto del tiempo, permanecen inmóviles en la cesta, como luciérnagas adornando el oscuro cielo nocturno.

Uno más en Queenstown noviembre 23, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Queenstown tiene una tienda que se llama: “The Lord of the Rings Shop”; no me lo podía creer.

Incomprensiblemente, esta mañana no me costó levantarme a las 6:30 habiéndome acostado tres horas antes, y llegué al bus como un reloj; sigue mi periodo de transformación. Un viaje Christchurch-Queenstown suele costar con las compañías de autobuses más punteras unos 70$, pero yo me busqué una (Atomic) que solo costaba 40$ y me salió redonda la jugada: autobús casi vacío, más espacio entre asientos, los cuales eran de cuero, solamente una parada de 40 minutos para comer y el chófer no parecía un guía turístico hablando por el micrófono explicando cosas sin parar como suelen hacer, así que pude dormir como un campeón y el viaje de casi 8 horas, se vio reducido a un par de ellas consciente y las demás todo negro.
Hubo un momento en el que me desperté, y usto rodeábamos un lago de agua intensamente celeste, con el Monte Cook (también conocido como Caradhras para los fans de El Señor de los Anillos) de fondo, mucho más impresionante que lo que se puede ver con una foto sacada desde el autobús. Mucho bonito.

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Hablando del Monte Cook “aka” Caradhras, se me había olvidado comentar que también pasé por al ladito del Monte del Destino, en el viaje Rotorua-Wellington.

Una vez en Queenstown, por un momento pensé que la temeridad de venir al sitio más turístico del país sin haber reservado cama en ninguna parte y en pleno fin de semana, podría pasarme factura y terminar durmiendo en una habitación cara; pero nada más que temores, una vez más al segundo intento encontré albergue bueno, bonito y barato (todo lo posible barato). Como prometían las habladurías, el sitio es una pasada. Un pueblo de 7.500 habitantes permanentes -aunque recibe 1 millón de visitantes durante el año- encajado en la orilla del lago Wakatipu, y rodeado por unas impresionantes montañas, que no en vano las llaman “Las Remarcables”. Los primeros asentamientos aquí tuvieron lugar al encontrar los exploradores ingleses oro en los alrededores, y la ciudad surgió de la nada de repente para acoger a muchísimos buscadores de oro, que tan rápido como vinieron, se fueron cuando dejaron de encontrar el metal preciado. Unos años después alguien tuvo la idea de saltar atado a una goma desde un puente y nació en todo el mundo el bungy jumping, y a partir de ahí la ciudad/pueblo volvió a acoger gente interesada en los deportes de aventura.
Dediqué la tarde a pasear un poco sin rumbo, tampoco mucho porque hay seis o siete calles nada más. Pese a que estos días de atrás había sobre 30 grados, hoy me tocó la china y el día aunque no estaba frío, no era para ir descalzo por ahí como me hubiese gustado (sí, he adoptado la costumbre kiwi y ahora siempre que puedo voy descalzo). Pero el día cambió cuando de repente paso por un escaparate en el que reconozco una bandera estandarte de Rohan, y mi corazón dio un saltito. La tienda, en realidad es, además de tienda, una agencia de excursiones y actividades, y su excursión estrella es un tour a varias localizaciones de la película que se encuentran por los alrededores -Rohan y Fangorn por ejemplo-. Pero en lo que es la tienda, tienen el mayor número de merchandising “raro” de ESDLA que he encontrado, y ya es decir. Artículos de edición muy limitada, o exclusiva, que me tuvieron embobado durante un par de horas hasta que me echaron porque cerraban, pero prometí volver. En cuanto tenga casa, voy a ir a comprarme la bandera/estandarte de Rohan, o de Gondor. Tienen tantas cosas especiales… incluso pijadas baratas que nunca llegaron a España como llaveros, mini muñecos cabezones, rotuladores, las monedas de curso legal (incluidas las ediciones en plata y también la moneda de 10 dólares en oro)… Volveré.

Andando por las calles me dio tiempo a ver varios sitios con carteles buscando gente, así que mañana ya probaré suerte a ver qué perspectivas hay de poder encontrar algún trabajo decente. Por ahora, mandé un mensaje a una mujer que estaba recrutando extras para una película que se va a grabar aquí y en alrededores, pero me da la impresión de que sin los papeles, no habrá manera.

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Waiheke Island noviembre 4, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Amanece gris el sábado en Auckland. Me levanto como un resorte en cuanto suena la alarma, ese extra de hiperactividad y control que te entra cuando tienes un evento importante. Me las deseaba muy feliz, desayunando con tiempo mientras veía cómo se abrían algunos claros a las 9:30 de la mañana, rumiendo el muesli con paciencia y saboreando la jugosa fruta. Todo listo, a las 10 había quedado en el puerto para coger un ferry, y cuando me iba a ir del albergue, me dice la simpática de recepción que tengo que dejar la habitación. Solamente había pagado hasta la noche del viernes y yo calculaba una más, así que contrariado le digo que me quiero quedar más días; pero no contaba con que no quedara ni un solo sitio. Todo lleno, y en cinco minutos a recoger y salir pitando, las diez menos cuarto y subiendo, a un cuarto de hora para coger el ferry, de patitas en la calle cargado de cosas y saliendo el sol. Bajo la calle corriendo mientras me sujeto los pantalones, las bolsas, la cámara de vídeo enganchada al cuello, el mochilón balanceándose (zas, zas, zas, zas) y la chaqueta por encima de los hombros. Encuentro sitio en el ACB Base donde dormí al primera noche en Auckland, pero esta vez ventana en la habitación. Dan las 10 y aún sigo en el albergue, pierdo el ferry pero por suerte hay otro una hora más tarde. Dejo la parafernalia en la consigna del albergue ya que hasta la 1 no se puede hacer check-in, y me voy al puerto a coger el ferry con tranquilidad; tanta que casi lo vuelvo a perder.

Por fin en el ferry. Rumbo a Waiheke Island. Waiheke es una isla que está en el golfo de Hauraki, la tercera isla más popular de Nueva Zelanda (después de la Isla Norte y la Isla Sur claro, jeje), la segunda más grande de éste golfo y la “zona” más bonita de Auckland supuestamente; paradisiaca, rejuvenecedora y auténtica. Cuando te apeas del ferry, dicen los lugareños que rejuveneces 10 años, y algo así debe ocurrir, ya que sin darme cuenta estaba montando en bici preparado para cruzarme toda la isla.

Después de explicarle a Hamish (el hombre que alquilaba bicicletas) algunos conceptos que tenía interés en saber sobre cosas concretas de España, me puse a pedalear para llegar hasta un mercadillo típico que solamente se hace los sábados y donde me esperaban Yuso, María, Isabeletta y otra chica koreana de la cual me es imposible recordar su nombre. Como un campeón me hice todo el trecho sin bajarme en ninguna subida aunque sufrí como hacía tiempo que no sufría, cuatro años sin apenas hacer deporte envejecen, y si aguanté fue gracias a los diez que se me quitaron al llegar a la isla. El Saturday Market resultó ser un mercado muy comunero, donde parecía que los vendedores eran todos compañeros de casa, unos vendiendo zumos de frutas exprimidos en el acto con un exprimidor cualquiera de cocina, otros vendiendo tartas de limón con merengue, bizcochos, dulces, artesanía… Allí me encontré al resto del grupo que me esperaban y después de recuperar el aliento, nos pusimos ne marcha para subir hasta la que, según Hamish, el de las bicicletas, es la octava mejor playa del mundo dicho por National Geographic. Y aunque íbamos de camino, llegamos por error a otra playa más pequeñita donde hicimos la mejor parada del día. Dos calas separadas por piedras, una de ellas nudista, agua verde como es normal aquí, tranquilidad, silencio roto solamente por los pájaros, las olas y nuestras voces. Por fin me pude bañar en el mar, y es que el día se fue abriendo poco a poco, del gris matutino al azul intenso de media mañana, todo un mundo, el mismo que hay entre la vida de ciudad en Auckland, y la vida de paraíso en Waiheke. Gocé del agua como hacía tiempo que no gozaba, me hubiese quedado hasta el atardecer sin salir y flotando a la espera de ver alguna ballena aunque fuera a lo lejos.

Obviamente llegó el momento de irse, y afrontamos las cuestas más demoledoras que recuerde haber subido nunca (no soy ciclista, tampoco he subido cientos y cientos de cuestas), y al llegar a la “cumbre”, disfrutamos de la merecida e implícita vista panorámica de la zona sur de la isla, con la Sky Tower de Auckland muy muy al fondo, pero visible. Todo lo que sube baja, y la bici no iba a ser menos; bajada veloz y por fin llegamos a Onetangui Beach, que para nada podría estar como la octava mejor playa según National Geographic. También influye que hacía algo de viento y no tenía la vista paradisiaca que sí tenía Palm Beach, la anterior. Una comida de circunstancias con patatas fritas, nachos y tostadas con huevos y bacon en un restaurante en el que las gaviotas merodean como buitres para avalanzarse sobre los platos en cuanto el último en levantarse de una mesa se aleje un metro; lo más cerca que he estado de revivir en mis carnes la película de Los Pájaros.

Camino de vuelta por la otra orilla de la isla en la que no existían las cuestas para alivio de mis agujeteras piernas y de vuelta en el embarcadero para esperar el ferry hacia Auckland. Antes de llegar, sin embargo, nos metimos en la última playa del día, que nos la encontramos y nos llamaba desde abajo, a dar unas vueltas con la bici y aprovechar las últimas luces. En el embarcadero, Hamish estaba esperando en su caseta y con la sin hueso muy activa, así que noes tuvo cintando cómo de joven había estado viajando por Europa y había llegado de Marruecos a un pueblo de Cataluña en el que le acogieron en una granja y le tenían como la atracción del pueblo; como ninguno en el pueblo hace veinte años sabía qué era Nueva Zelanda, pasó a llamarse Emil por decisión de la abuela de la familia, y así se quedó para nosotros también.

Un día después, hoy, madrugón de los que no recuerda mi cuerpo para ir a un mercado de coches que solamente está los domingos. Las agujetas hicieron de las suyas y aquí las tengo compartiendo aventuras conmigo. Mucho andar, negociar con vendedores para ir averigüando cómo se desenvuelven y cómo está el mercado, y de vuelta (todo esto con Yuso y Laia) para comer en su albergue, siestear mientras me leía la muerte del Capitán América que por fin he conseguido el cómic, y a cenar en casa de María. María se queda con una mujer que acoge a estudiantes que vienen a aprender inglés, y con ella está también otra chica alemana. Una cena de quitar el hipo, con tantas cosas ricas que contarlas aquí sería un crimen y un abuso de ego.

El cansancio de este fin de semana afecta no solo a mi cuerpo, también a la mente, que no me deja expresarme con justicia como merece el momento.

¿Gratis? Por supuesto octubre 31, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Un poco de turismo en grupo para amanecer hoy miércoles 31, Halloween.

Gracias a la insistencia de Urtzi y Ekain, fui capaz de madrugar y así volver a coger el ritmo de vivir más durante el día que durante la noche, ya que tanta lectura me estaba haciendo trasnochar muchísimo; con suerte me lo termino hoy y recupero el ritmo de sueño. La excursión fue totalmente gratis, es una forma de hacer publicidad que tiene la compañía Kiwi Experience, que se dedica a organizar viajes para jóvenes a través de Nueva Zelanda, incluyendo actividades y albergues. Es una empresa muy famosa, muy típica para viajar por el país con los amigos y conociendo gente que está también de vacaciones; pero requiere un nivel económico potente, o poco tiempo para gastarlo. A lo que iba. Kiwi Experience organiza una excursión gratis por algunos lugares de Auckland para así hacerse autopromoción. A las 10:00 salimos hacia el famoso puente sobre la bahía, construido en 1953 por una constructora japonesa ya que era especialista en grandes construcciones sobre el mar. Pero 10 años después, debido a los grandes atascos que se formaban, lo ampliaron con dos carriles más por cada lado. Nos dieron un casco y un semi-arnés con el que nos enganchamos a un cable y cruzamos el puente, por debajo. Un poco ridículo, te sientes como en una fila de esclavos de camino a la cantera, todos en fila sin poder adelantarse y atados para no caerte/escapar, según cómo se mire.

El paseo cuesta 35$ si lo quieres hacer cualquier día, un mucho de estafa, debería ser algo simbólico y solo por el hecho de que te dan el arnés y el casco, sino, ni eso; caminas por debajo de donde van los coches, con el mar debajo, bastante altura eso sí, y poco más. Cuando llegas a la mitad, te suben a la cabina desde la que se hace bungee-jumping para ver cómo saltan los valientes, y después vuelta a la fila de esclavos y al autobús. La vista desde el puente sí que merecen la pena por lo menos, con Auckland de fondo y la inmensa bahía con sus inmensos y miles veleros desperdigados como semillas en el campo.

Siguiente parada Devenport. Es un pueblo que pertenece a Auckland y es muy tranquilo y veraniego. La mejor manera de llegar es en ferry, está cruzando la bahía desde el puerto de Auckland, todo recto. Allí estuvimos 45 minutos para tomarnos un “lunch” (los que estuviesen bien de dinero claro, yo no era de esos) y pasear un poco. Una playa pequeñita pero genial, flanqueada de varios árboles “pohutukawas“, también llamado Árbol de Navidad Neocelandés porque por esas fechas, sus flores se abren y se vuelve rojo, como si lo salpicaran con pinceladas de sangre. A parte de la playita donde había un grupo de chavales de la escuela local y casi nadie más, un parque pequeñito con mucho césped y árboles gigantes para descansar y seguro que para echarse unas siestas de órdago. Cuando todos estaban comidos y reposados, nos llevaron (nos llevó la conductora del autobús, llamada Flee) a otra zona donde la playa ya sí que era bastante más grande y paradisiaca. Según Flee es de las mejores playas que se pueden encontrar por los alrededores de Auckland y estoy seguro de que es así, porque la playa era una gozada y porque por Auckland no hay muchas playas bonitas. Cruzando la playa y subimos a una colina desde la que se domina la bahía en cualquier dirección. La única peculiaridad de la colina (de cuyo nombre no puedo acordarme) es que durante los años 30-40 la llenaron de cañones apuntando en todas direcciones porque estaban seguros de que los rusos los iban a invadir entrando por la bahía, pero nunca llegaron, ni a la bahía de Auckland ni a ninguna de Nueva Zelanda. Así que allí se quedaron los cañones como símbolo de la paranoia, sin haberse usado ni una sola vez, hasta que hace trece años, la odiada Reina Isabel de Inglaterra, monarca también de Nueva Zelanda, visitó las islas y decidieron disparar el cañón más grande de todos (no sé si como símbolo de bienvenida o como señal para que nunca más volviese por aquí; y no ha vuelto). El hecho es que como nunca lo habían probado, al disparar, consecuencia de los túneles que atraviesan la colina por debajo, los temblores llegaron hasta las casas más cercanas, que aguantaron en pie pero sin un cristal entero. Decidieron que nunca más volverían a dispararlos.

Y de ahí, vuelta al autobús y vuelta a la ciudad. Una siesta para volver a ser persona y a contarlo todo aquí.

He subido todas las fotos que tengo y que tendré a la página que me dijo Tito, ya que me dan 5 gigas y es la mejor de largo. Dejo la dirección para que veáis más aparte de las que pongo yo aquí si queréis.  http://www.esnips.com/web/NuevaZelanda

Esta noche es Halloween pero no hay mucho ambiente y la gente se disfraza de fin de semana, así que no hay ocasión aún para desempolvar mi traje (que no disfraz) de Superman. Sigo dándole vueltas a lo de las granjas.

Un corazón invencible octubre 19, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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De repente me encuentro hoy viernes noche, con que estoy entrando de lleno en un puente del que no tenía constancia, así que hasta el martes todas las cuestiones administrativas que tengo pendientes, en stand by, lo que quiere decir también que como mínimo mínimo, me queda una semana más en Auckland. ¿Haciendo qué? Ni idea, algo surgirá.

Como es puente, la gente se va de la ciudad, yo llego. Laia se va al norte, a las Northland con gente de su academia así que en principio afronto el puente con la compañía habitual: la esporádica que surja en algún momento; esto es, solo pero receptivo de conocer a quien sea en donde sea. Ahora que ya sé lo que es la compañía en este viaje, es cuando más juro en arameo contra Guille por rajarse y estar en Estrasburgo con un yankee, y no en Nueva Zelanda con un asturiano; él dice que viene a partir de enero, yo confío en él, aunque no sé por qué. Ya lo sabía antes de venir y contaba con ello, pero estoy cansado de viajar solo, que está muy bien, pero disfrutar de las cosas que ves o que haces con alguien, sobre todo si es un amigo tan cercano, es aún mejor. Sin ir más lejos, ayer con la chorrada de la gala de Vodafone, si hubiera estado solo pues me hubiese acercado, merodeado un poco a ver qué se cocinaba, y poco más; sin embargo me lo pasé en grande.

¡Hoy ha salido el sol! Y lo que es más increíble, no se ha escondido en todo el día; claro, ahora que ya no puedo hacer paracaidismo vendrán los anticiclones… Me he pasado la mañana curioseando por un mercadillo que tenía muy buena pinta de primeras, con montón de chatarra a granel, pero que finalmente era un mercadillo cualquiera sin nada nuevo. El sol pegando de lleno en la cara me recargó las pilas, y hoy recorría las frustrantes cuestas de Auckland a un paso que ni Fermín Cacho en sus mejores tiempos. A la hora de la comida, Laia me invitó a su albergue y nos apañamos como pudimos un poco precarios de utensilios para hacer espaguetis (falsos espaguetis que resultaron ser tallarines) boloñesa con un poco de trampa, pero la trampa es secreto porque es un ingrediente muy utilizado en cierto tipo de comida, pero de estrangis, sin imaginarmos lo que realmente es.

Tarde de vagabundeo aprovechando la solana, subí y bajé cuestas como un loco, para terminar al lado de la SkyTower cuando yo pensaba que estaría llegando a un sitio totalmente opuesto; laberíntico. Cuando empezaba a refrescar, opté por meterme al cine, ya que solo pude ir una vez desde que estoy aquí, a ver Stardust, y en tres semanas, para mí es un bagaje muy muy bajo y tenía cierto mono. Tuve suerte y pude ir a ver Un Corazón Invecible (qué gran título) que es la que me apetecía. Está dirigida por Michael Winterbottom que es un grande, y teóricamente la protagoniza Angelina Jolie (que hace un papelón enorme). Está basada en el libro autobiográfico de Mariane Pearl que cuenta cómo vivió en Pakistán el tiempo que su marido, periodista americano, fue secuestrado y finalmente decapitado. Realmente el protagonismo se lo lleva la investigación y no una historia para que se luzca una estrella de hollywood, lo que es una de las mejores cosas de la película.

Pero esto no es un blog de cine. Mi día a partir de ahí no ha dado para más. Tengo habitación nueva en el albergue porque venía un grupo que ya había reservado, y como yo voy pagando de una noche en una noche, llevaba las de perder. Mañana sábado saldré por la mañana a investigar y calcular todo lo que puedo y no puedo hacer durante el fin de semana. Me dan ganas de irme a alguna playa por aquí cerca, pero aunque aquí arriba el tiempo sea mejor, aún no es temporada de playa, y no creo que encuentre muchas opciones sin un coche con el que moverme. Laia y compañía habían alquilado dos coches y eran diez justos, si no podría haberme subido con ellos y conocer las Northland, que tengo bastantes ganas. Hay un sitio para bucear en el que bajas hasta donde está hundido un trozo del Rainbow Warrior de Greenpeace, el primer Rainbow Warrior que unos agentes secretos de Francia hundieron en Auckland en los ochenta, con dos bombas. La proa (no estoy seguro pero creo que es la proa) la reflotaron y la hundieron en este sitio de las Northland, y hoy en día se ha convertido en un buceo casi obligado para todo aquel buceador que se encuentre en Nueva Zelanda. Además, coincide en la zona de uno de los cinco mejores buceos del mundo según Cousteau, pero creo que esto lo comenté el otro día.

Mandi, que nunca me acuerdo de contestarte. Muchas gracias por lo del “truco” para los mensajes y las llamadas, lo tengo que probar, aún no me he puesto, y ya lo comento. Mi teléfono de aquí es: 0064212940891 

La foto, del árbol que me indica cuál es el callejón en el que encuentro mi albergue, el único árbol de la ciudad que brilla por las noches. 

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Se despide, un corazón invencible.

Vida de ciudad, primer día octubre 18, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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Vuelta a cambiar de albergue, aunque esta vez habrá que ver si es para mejor o no. De momento internet es mucho más caro así que me conecto desde un antro en el que solamente hay asiáticos y está en el sótano de un edificio; estoy a la espera de que entre la policía a detener gente en cualquier momento, pero es barato y puedo conectar la cámara para poder poner fotos, así que asumo los riesgos.

Desde las 10:30 que llegué al nuevo albergue hasta las 2 que me dejaron hacer “check-in” y dejar las cosas en la habitación, estuve un rato en internet y me puse con la continuación de “Los Pilares de la Tierra”, Un mundo sin fin, que me lo compré ayer tras unos cuantos días parándome a leer un poco en las librerías. Leer en inglés además, ayuda a tener los sentidos alerta y pensando en inglés. El libro sigue los mismos cánones que Pilares, y engancha nada más lees un par de líneas; la historia transcurre doscientos años después de la primera parte.

Pues con la mañana perfectamente aprovechada en ver llover tras el cristal, sentado en uno de los 10 sofás que hay en la “sala de relax” y leyéndome el libro, me dan las tres de la tarde (que no se me olvide, me volví a encontrar a Tracy justo antes de que se fuera para el aeropuerto y los dos estúvimos de acuerdo por si quedaba alguna duda de que era el destino y que sin duda nos encontraríamos en alguna parte, quién sabe cuándo y quién sabe donde, pero el planeta es muy pequeño).

Hace unos días me escribió un comentario aquí en el blog una chica que se llama Laia y que había encontrado el blog a través de un foro. Ella tiene una de esas becas famosas que dio el Gobierno a quienes tuvieron beca general en el curso 2005-2006, que consiste en hacer un curso de inglés durante tres semanas donde tú quieras, ellos te dan 1600 euros y tú te buscas la vida. Pues nada, ella llegó hace tres días a Auckland con esa beca y como me escribió aquí, pues hoy nos conocimos. Quedamos a las tres, pero con eso de hacer honor a mi reputación llegué algo tarde. Conocí también de pasada a algunos españoles más que están haciendo el curso de inglés en esa academia. Después de más de dos semanas sin tener a nadie con quien hablar español, andaba un poco descolocado al principio, era demasiado fácil encontrar las palabras que quería decir y construir las oraciones, pero se agradece oye. Así que nada, me tomé el hot chocolate más barato desde que estoy en Nueva Zelanda y después nos fuimos al parque de enfrente, donde habían crecido por generación espontánea unos iglús gigantes con publicidad de Vodafone y donde había mucha música; además nos ofrecieron “free coffee” y el espíritu mil eurista siempre te lleva a aceptar esas invitaciones aunque sea para beber aguarrás. El tinglao que tenían montado nos enteramos poco a poco de que era algo de una gala, algo de música que había esta noche, y de vez en cuando regalaban entradas; lo intentamos, pero no hubo suerte en conseguir ninguna, teníamos mucha competencia importante. También había alfombra roja y dos presentadores ensayando y grabando entradillas, y bastantes cámaras de televisión entre las cuales nos paseamos para conseguir la ansiada fama. Había de todo…

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Tampoco daba para mucho más el asunto y la tarde estaba empezando a ponerse fría, así que nos fuimos pero no sin hacer una última intentona para conseguir los tickets gratis.

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El resto de la tarde, me volví a sumir en el mundo que rodea a la catedral de Kingsbridge, tanto que se me hizo de noche y cualquier sitio decente para cenar o supermercado, estaba cerrado, y terminé en un McDonald en el que volví a recordar otra vez como cada vez que voy a uno, todos los pasos que seguía cuando me encargaba tan fabulosamente de hacer las McChicken y todos sus derivados en el segundo año en Glasgow. Y tengo que decir que las patatas no saben igual aquí, algo hay distinto en el aceite; pero lo demás, todo igual como siempre.

Y así terminé en este sótano en el que me estoy congelando porque el frío entra sin ningún pudor y se estabiliza aquí abajo, así que me voy a ir hacia la superficie. Además me ha llamado Laia hace un rato para decirme que están en un bar que está aquí cerca, así que me voy a hacer un poco de vida social, que hace una ilusión tremenda conocer a alguien aquí abajo.

Un beso para todos los que me seguís, lo aprecio mucho. Namárië.

Hinemoa y Tutanekai octubre 15, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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La historia de Hinemoa y Tutanekai tuvo lugar hace 300 años. Tutanekai era un joven de una tribu de la isla sagrada de Mokoia, Hinemoa era hija de un importante jefe de una tribu que vivía en lo que hoy es Rotorua, a la orilla del Lago Rotorua. El padre de Hinemoa, prohibía la relación de su hija con Tutanekai, por tener éste un estatus social dentro de su tribu demasiado bajo. Ambas tribus, como en toda buena historia de amor que se precie, estaban enfrentadas.

Frente a los impedimentos, Tutanekai se sentaba en la orilla de su isla a tocar su koauau (flauta), mientras pensaba en Hinemoa, quien por su parte escuchaba las melodías llegar desde Iri Iri Kapua, su roca a la orilla del lago en tierra firme. El tiempo pasaba y la tribu de Hinemoa se esforzaba en impedir que su relación, retirando de la orilla todas las wakas (canoas maoríes) para que no pudiesen verse nunca más.

Una oscura noche, las melodías tocadas por Tutanekai con su koauau fueron demasiado para la joven Hinemoa, que corrió desesperada hacia la orilla con calabazas vacías atadas a su cuerpo para que la ayudasen a flotar durante los más de 4km de distancia que la separaban de la isla de Mokoia. Varias horas más tarde, muerta de frío y con todo su cuerpo entumecido, llegó a la orilla de Mokoia, donde se metió a descansar en Waikimihia, una pequeña piscina natural de agua caliente a la orilla de la isla, confiando en que Tutanekai la encontrara. Así fue, y una vez juntos, nunca más se volvieron a separar, consiguiendo la paz entre ambas tribus.

Sobre el año 1900, cuando el turismo empezó a pegar fuerte en Rotorua, algunos de los descendientes de Tutanekai e Hinemoa, fueron los primeros guías turísticos maorís de Rotorua, una “tradición”  que continuan hoy en día. Además, esta historia sirve de inspiración para la famosa canción de Pokarekare Ana, la cual voy a intentar traducir (una vez traducida al inglés) más o menos.

Tormentosas son las aguas
del inquieto Waiapu
Si tú las cruzas, niña
se calmarán.

Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti.

Te escribo mi carta
te envío mi anillo
para que tu gente pueda ver
lo perturbado que estoy.

Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti

Mi pluma está destrozada,
no tengo más papel,
pero mi amor
es aún firme.

Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.

Mi amor nunca,
será secado por el sol
Estará siempre humedecido
por mis lágrimas.

Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.

Esta es la canción: http://es.youtube.com/watch?v=koi_f3fB2h8

Por lo demás dejando atrás este momento tan primaveral, tampoco he podido saltar hoy. Ya me estoy empezando a encabronar con las nubes. Para mañana dan bueno otra vez, como hoy y amaneció que parecía el fin del mundo. Aún no sé si irme o quedarme un día más. Tengo vez a las 8 de la mañana para intentar saltar otra vez, a ver qué tal amanece. El albergue tengo que dejarlo a las 10 aunque podría dejar la mochila en la recepción mientras surco los aires. Hay tres o cuatro autobuses al día para Auckland así que por eso no habría problema, y el alojamiento allí tampoco, hay muchos albergues. El problema es que el Sabroso estaba cerrado hoy lunes y no pude hacer mi cena de despedida, y no quiero irme sin decirles adiós y sin comerme unos buenos negritos que a saber cuándo los podré volver a pillar.

Si me voy a Auckland, miraría lo de comprarme un coche y seguiría hacia el norte para ir a las playas, pero eso ya lo conté ayer. Me repito.

Que no, aún no octubre 14, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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“No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mi y a través de mi. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.”

Una cita de Frank Herbert (Dune), que viene en el folleto del paracaidismo. Con frases así, y otras igual de motivantes, es difícil decir que no te atreves a saltar. Siempre y cuando no llueva. Las previsiones dan soles para mañana así que a las 10 me pasan a recoger, y espero que no vuelva a nublarse de repente.

Mañana vuelo, y al día siguiente ya dejo Rotorua. Me voy a ir a Auckland seguramente, no sé si parar uno noche antes en otro pueblo de camino. Estaré dos o tres días en Auckland y sigo subiendo hasta las Northland, para disfrutar de la playa. Clima subtropical así que espero que el tiempo sea bueno. Voy a intentar buscar trabajo por allí, algo pasajero para unas semanas, limpiando o haciendo lo que sea, aunque sea media jornada, pero así freno un poco el descenso en los ahorros que va tan en picado.

El interés del blog me va marcando cuándo debo abandonar un sitio, porque al igual que en Wellington, ya es el segundo día que no tengo mucho que contar. Día perfecto para acabarme el libro (que final tan extraño y especial). Me entretengo, y llego tarde a cenar al Sabroso, eran las 20:15, pero ya estaba cerrado, aún tengo que coger mejor el ritmo de las comidas, porque… Así que me voy al Fat Dog, que me habían hablado bien de él. Ceno pasta con carbonara y setas, y me encuentro con dos matrimonios españoles que están montando una buena para pedir en la barra lo que quieren de cenar. Les ayudo porque no hablan ni papa de inglés y hablo un ratillo con ellos, que están un par de semanas de vacaciones. Todo el mundo sonríe y me dice que “claro que sí” cuando les cuento lo que estoy haciendo yo en Nueva Zelanda, y entonces me salgo de mí y me veo ahí de pie sujetando la mochila de un hombro, recién duchado con el pelo suelto muy largo, las dos rastas por delante, pantalones piratas, con las tobilleras, sonriendo y me veo como si fuese un viva la vida hippie que busca la paz interior en algún recóndito lugar del planeta; y me gusta oye.

Hoy iba a contar una historia sobre Rotorua, que es una historia de amor verídica muy famosa y bonita, pero no me la sé entera. Para mañana, me la traduzco y la cuento al final, después de explayarme a gusto describiendo lo que se siente al ser atraido por el centro de la Tierra desde 15.000 pies de altura.

Se nubló octubre 13, 2007

Posted by Nicolás Cuervo González in General.
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El cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará? El desencapotador que lo desencapote buen desencapotador será, y así yo podré hacer paracaidismo de una vez.

Con el mono puesto, las lecciones aprendidas, y la avioneta preparada. El cielo se nubla, y llega la tormenta. A casa y a esperar que mañana amanezca bien, aunque ahora mismo llueva. Confiamos.

Así que el día se pasó volando (je, que gracia) entre ir y venir para al final quedarme a punto de-. Hoy comparto mi habitación (porque después de tantos días para mí solo, ya es mía) con tres chinos, dos tíos y una tía, que llevan durmiendo desde las 9 de la noche. Y yo pues de cena otra vez al Sabroso, donde ya soy uno más y se me permite el acceso a la cocina y todo.

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Me voy a despertar a los chinos porque no tengo sueño y quiero leer que me queda poco del libro, duermen con sudadera, calefacción incluida. Yo que siempre dejo la puerta del balcón abierta porque la calefacción no la apagan… me van a matar de calor esta noche. Mañana es el día, espero.

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