Las cuevas de luciérnagas Mayo 28, 2008
Posted by Nicolás Cuervo González in General.trackback
Son las doce de la noche y estoy en la cocina preparando algo de cenar, sofrito de champiñones con arroz, que últimamente lo tengo siempre en mente. Ya tengo la fama más que ganada por cenar a horas muy extrañas para la gente de aquí, me dicen que más que cenando, estoy desayunando. Pues bien, estaba yo “chop chop” con los champiñones, cuando aparecen Kelly y Jakub, que vienen del pub y antes de llegar a la cocina habían hecho una parada rápida para limpiar un poco de hierba que había por ahí suelta. Mezcla de su estado histérico y felicidad, a Kelly se le ocurrió proponer ir de visita a las “glowworm caves” en Little Tahiti; o lo que es lo mismo, las cuevas de luciérnagas en Little Tahiti, que es una zona de los alrededores a la que vamos a veces para hacer barbacoas, hogueras, o remojar los pies en las gélidas aguas del río quien se atreva. Ella no se esperaba que a Jakub y a mí nos pareciese buena idea, y a la una de la mañana estábamos listos con la chaqueta para ir en busca de las luciérnagas. Lo especial de este sitio, es que como su nombre indica, son unas cuevas de luciérnagas, pero no existen tales cuevas; son los propios gusanillos los que se agolpan por todas partes y al caminar bajo los árboles repletos de sus lucecitas verdes, da la impresión de estar en una cueva. O eso dicen.
El sitio no está especialmente cerca para ir caminando en mitad de la noche: seis kilómetros de ida y otros tanto de vuelta, a la luz de las estrellas y rodeados de absolutamente todo y nada a la vez, lo que te pone en situación de partida para una película de miedo, en la que hubiésemos terminado devorados por cualquier extraña y gigante criatura que habita en el bosque por el que nos adentrábamos, y en la vegetación que flanquea la carretera que paso a paso seguíamos con una linterna que se estaba quedando sin pilas y el flash de mi cámara, situación sobre la que ya comenté una vez el miedo que produce. Hubo varios amagos de darnos la vuelta, todos iniciados por Kelly, que estuvo arrepintiéndose de su propuesta toda la noche, pero Jakub y yo estábamos con ganas de aventura y la noche pintaba muy bien. Durante todo el camino las luciérnagas están por todas partes en los bordes de la carretera, pero más desperdigadas, como espolvoreadas desde muy alto, y nosotros queríamos las cuevas. A mitad de camino una luz apareció al fondo de la carretera tras una curva, y nos tiramos contra el arcén entre miedo y precaución, ya que esta carretera no tiene coches a no ser los de los turistas, y a esas horas no era muy normal que nadie se hubiese propuesto ir a ver Milford Sound. Haciéndonos notar con el flash de la cámara conseguimos que la furgoneta parase, y resultó ser uno de los nuestros, locales, que había ido a Te Anau, la civilización, a cenar con unos amigos, y estaba de vuelta. Se sorprendió y nos sonrió extrañamente cuando le contamos en qué consistía nuestra expedición, y con un ¨buena suerte¨se despidió y nos dejó de nuevo en mitad de la oscuridad.
Una lechuza nos estuvo siguiendo un buen rato, ululando desde los árboles cercanos cada poco, como indicando que siguiésemos en esa dirección que estaba todo en orden. Y más tarde que pronto, por fin llegamos al camino que lleva hasta Little Tahiti (que se pronuncia con la “h” aspirada y siendo ésa la sílaba fuerte, no como “taití”), donde Kelly no quiso adentrarse en el bosque por miedo a perderse; no estaba segura -o eso decía- de poder encontrar el camino y tras unos intentos más por mi parte que por la suya de meternos entre los árboles y ponernos a caminar, terminamos con nuestros pies de vuelta en el asfalto y empezando a recorrer los seis kilómetros de vuelta con menos humor que a la ida, pero sin rencor.
Habrá segunda parte, sin margen de error. Aún así en el camino de vuelta escogimos una ruta alternativa y nos metimos más entre la jungla, de donde nos salimos cuando encontramos una bolsa de basura desprendiendo fuertemente olor a muerto, no quisimos saber lo que era pero tenía toda la pinta de que alguien se la había dejado allí durante una noche cazando possums. En honor a ese presumiblemente posum muerto y a todos ellos, les voy a dedicar mi próxima actualización.



el relato prometía pero vaya chasco; Kelly se merece que la lleves a cazar cordobeyos o gamusinos que es lo mismo, pero si dice la verdad el sitio debe ser paflipar. Te mando una brújula? y una buena linterna con pilas nuevas? yo quiero ver esas fotos! tmb tengo tu cuchillo de bucear, te puede servir para matar possums? qué es un possum? bssssdprimavera
que buena la foto del fotololog jaja tengo que reirme, dice lokkie que la madre que te parió, ya no tengo claro si he sido yo o me dieron el cambiazo aunque a decir verdad naciste apretando los puños, tenía que haberme dado cuenta que nacer con capa no era normal; en vez de a caminar tenía que haberte enseñado a volar, sorry
Ups,no habia caido en que esa expresión podria ser aplicable ^^U
Por cierto,todo el camino a oscuras???? Sin linterna,sin farolas ni nada? Tio,que me he visto Pitch Black treinta veces,yo tambien me giñaria xDDD
desde la rutina leer tu blog me llena de nostalgia, estoy raruna, estuve grabando donde los cines de la plaza de los cubos y martín de los heros y os extrañé, nuestro cine en v.o. y la agencia de viajes q nos llevo a menorca….
ay nicu, por q los cambios nos hacen pasar por estos estados indescriptibles